El mapa de orientación y su papel en el medio natural

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Hasta hace unos años el conocimiento y manejo del mapa y la brújula eran instrumentos indispensables para quienes realizaban actividades en el medio natural. La publicación de libros y guías, la señalización de los entornos naturales y la aparición de nuevas tecnologías (como el GPS), que están al alcance de todos, han hecho pensar que la capacidad de orientarse en el medio natural es casi innecesaria. Sin embargo, la realidad es otra, esta habilidad es básica para quienes quieren moverse con seguridad fuera del ámbito urbano, y una buena manera de adquirirla y desarrollarla es a través de la orientación deportiva. Aquí, el mapa de orientación juega un papel clave.

 

Particularidades del mapa de orientación

La orientación, como actividad, cuenta con innumerables particularidades en comparación con otros deportes, tanto por el material empleado (según si la actividad se trabaja a pie, en bici o con esquís, por ejemplo) como por las propias técnicas que se usan en cada modalidad. Sea cual sea el formato practicado, siempre son necesarios estos dos instrumentos: el mapa de orientación, que es al fin y al cabo una guía sobre el terreno, y las balizas que hay que encontrar.

Un mapa es una representación gráfica del terreno que atiende a unos criterios de proporción, la escala. En orientación, los mapas de uso más común son los de una escala comprendida entre 1:7500 y 1:15000, es decir, un 1 centímetro del mapa son entre 75 y 150 metros en terreno real. Como es lógico, a menor escala, mayor es el detalle de la información que transmite el mapa.

La leyenda

Un aspecto del mapa de orientación de vital importancia es la leyenda, la “explicación” de los diferentes iconos existentes en el mapa y las curvas de nivel que marcan la línea imaginaria que une puntos situados a la misma altitud. En este tipo de mapas suele haber una equidistancia entre curvas de 5 metros. Los mapas de orientación tienen que crearse basándose en mapas preexistentes, a los cuales se les añade la información necesaria para realizar la actividad en cuestión, puesto que un mapa topográfico estándar no contiene todos los elementos necesarios.

Los controles

Otro aspecto esencial del mapa de orientación son los controles, las zonas donde se sitúan las balizas que han de encontrar los participantes. Las balizas tienen un formato estándar representado por un rectángulo vertical dividido en dos triángulos, uno blanco y otro rojo. Así que, el mapa debe indicar su orientación, para que con la ayuda de una brújula se puedan trazar rumbos, y buscar los caminos más cortos o rápidos entre balizas.

 

Idóneo para trabajar con menores

Si bien es posible hacer actividades de orientación con cualquier mapa excursionista, los mapas que incluyen una leyenda específica, y unas escalas y altimetrías adaptadas a la actividad son esenciales.

Las posibilidades que ofrece esta práctica son prácticamente ilimitadas, así como la variabilidad de su dificultad, por lo que es ideal para trabajar con menores o personas sin experiencia previa.

Es imprescindible familiarizarse con la escala y con las distancias que se representan en el mapa de orientación. De este modo se puede saber cuándo es posible correr, cuándo trotar y cuándo hay que andar.  Debido a la rápida transformación del espacio natural y de las actividades que se llevan a cabo en él, es imprescindible contar con mapas actualizados para evitar situaciones inesperadas.

Entender el mapa de orientación es el primer paso para practicar este tipo de actividades, cada vez más auge. Moverse con él sobre el terreno es el segundo paso para asentar los conocimiento adquiridos de forma teórica y desarrollar la habilidad de la orientación.

 

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