De cómo me inicié en el mundo btt y por qué no pienso dejarlo

  • 0

Aventura en BTT. ¡Donde me he metido!

Soy atrevido y me apunto a todo (desde hace poco). Después de muchos años practicando running y yendo asiduamente al gimnasio, para lo que he tenido que buscar tiempo, ahora resulta que mis circunstancias personales han cambiado y dispongo de más horas libres. Eso es todo lo que me faltaba para lanzarme a una nueva actividad física: la bici. Había llegado el momento de iniciarme en el más que apasionante mundo de la BTT.

Lo primero fue comprar la bicicleta, toda una aventura, pero para eso están los amigos expertos, para consultarles. Ellos me dijeron que, lo más importante era que la bici tuviera… “cuadro de carbono”, “Horquilla Fox” de 32 mm con 100 mm de recorrido, 1 plato y 12 piños (11/50), ruedas de 29 pulgadas y como no, cambio “Sram”. En definitiva, que no entendía nada de lo que parecía que era imprescindible para mí y mi nueva afición.

Así, pertrechado con esa información tan estupenda, me fui a la tienda de BTT de un conocido y le conté todo lo que me habían aconsejado. Se rió durante unos minutos hasta que me dijo que era el mejor cliente que nunca había tenido: “traes los deberes hechos”, dijo. Minutos después me presentó a mi flamante “Scott Scale 930” de talla “M” (cosa que no le había indicado). Para él fue fácil de decidir ya que la talla de la bicicleta va en función de la corpulencia y la altura.

La ventaja de ser confiado es que no discutí ya que sabía que esa era la bicicleta que debía comprarme. Aunque no acabó ahí la compra. La bicicleta no llevaba pedales, y siguiendo la tónica de esa tarde, me dejé aconsejar y me llevé unos “Shimano  XT M8000 XC Race” y los correspondientes zapatos de calas “Giro” con cierres de boa. Ya solo me faltaba el “porta-bicis” “Thule”.

En resumen, sin contar con ello, me había arruinado en menos de media hora, pero con total consentimiento y satisfacción. Menos mal que mi amigo me regaló el casco “Spealized”, el velocímetro “Giant” y una bomba para inflar las ruedas.

Sentí que nunca había hecho una compra tan estupenda como esa.

Sonó el despertador, eran las 7h del domingo y tenía que ponerme en marcha para salir con el grupo de Btt del gimnasio al que acudo diariamente. Me corrían los nervios por todo el cuerpo… Era mi estreno en la BTT con un grupo de ciclistas experimentados a los cuales ya había advertido de mi total inexperiencia, pero, aun así, me animaron a salir con ellos (buena gente los de la BTT).

Tras instalar el “Thule” en el coche y cargar la bici, me dirigí al punto de encuentro. Una vez allí, descargué la bici y preparé con cuidado todo lo necesario: casco, mochila “camelbak” llena de bebida isotónica, un gel energético, una barrita de proteína, un plátano y el botellín con recuperador para una vez finalizada la excursión.

La acogida por parte del resto del equipo fue un 10, fueron todos muy amables, pero ahora a pedalear. Se ha acabado la teoría y empieza la práctica.

Encaramos por caminos y pistas de tierra hacia Castelldans pasando por Juneda. La verdad es que el ritmo que llevábamos, de unos 21 kilómetros por hora, me resultaba asequible. Era una buena manera de empezar y mi moral se estaba disparando hacia arriba. Hasta que llegó la primera subida por una pista escarpada llena de piedras sueltas. Ahí tuve problemas.

En poco tiempo, aprendí a cambiar de piños, pero ninguno de esos cambios me permitía encarar la subida sin destinar el 100% de mi energía.

Sorprendentemente, mi cuerpo empezó a mandar sobre la bici. Era yo quien gestionaba el empuje sobre las bielas y regulaba la cadencia del pedaleo. Mi buena forma física, me estaba ayudando.

Nada más llegar a la cima sentí un alivio total del esfuerzo que había realizado para alcanzarla, lo que me generó un estado de satisfacción enorme. Lo había conseguido. Después de unos pocos minutos para reagruparnos, continuamos el recorrido “planeando” hasta llegar a la siguiente subida para acceder a Castelldans. Aun siendo una subida más larga, mi sensación era otra. Dejé de tener prisa por llegar a la cima y empecé a disfrutar del paisaje y de mi BTT. ¿Me había convertido en un BTT-Man?

La “San Miguel” que me tomé en el bar del pueblo me sentó fantásticamente. Es como si las sensaciones de las cosas cotidianas cambiaran de nivel. ¿Apreciaba más las cosas por tener que esforzarme por conseguirlas? Seguro que sí.

El camino de regreso transcurrió por unas “trialeras” algo más técnicas y reviradas hasta acercarnos de nuevo a Lleida donde se convertían en pistas y caminos de tierra mucho mas suaves. Después de 47 kilómetros y 700 metros de desnivel positivo acumulado, llegamos donde habíamos salido. Mi primera experiencia con BTT había llegado a su fin. No la olvidaré nunca.

Solo una cosa más, me caí como 10 veces por culpa de no acordarme de que llevaba los zapatos cogidos a los pedales por las calas… Típica caída de principiante.

Me lo he pasado fenomenal, las sensaciones que he experimentado han sobrepasado con creces mis expectativas, he disfrutado muchísimo. El paisaje es más bonito y el cuerpo te lo agradece. Menudo subidón llevo.

Os animo a todas y a todos a que lo probéis, no es cuestión de fuerza física ni nada que se le parezca, la Btt se adapta a tu ritmo.

Eso sí… si lo pruebas te tocará comprar una bicicleta.

Fede Díez