5 minutos de lecturaEl riesgo invisible en Turismo Activo

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Una historia que se repite más de lo que creemos

Son las 9:00 de la mañana

El grupo empieza a llegar puntual. Algunos con cara de sueño, otros con esa mezcla de nervios y emoción que siempre acompaña a la primera actividad del día.

El material está preparado: cascos alineados, arneses revisados, mochilas listas. El monitor termina de ajustar los últimos detalles mientras tú repasas mentalmente la jornada, saludando a los clientes uno a uno.

La previsión meteorológica es buena, el entorno acompaña y la actividad está más que testada. Es uno de esos días en los que todo parece encajar.

Hasta que alguien lanza una pregunta tan sencilla como inesperada:

—Oye, ¿hoy no venía también el otro monitor?

No, no venía.

Ha surgido un imprevisto de última hora y entra un colaborador habitual. Alguien con experiencia, que ya ha trabajado con vosotros otras veces. No hay nervios, no hay alarmas. Se resuelve como se resuelven tantas cosas en el turismo activo: rápido y con criterio.

A las 9:20 el grupo ya está en marcha.

Cuando todo fluye… bajamos la guardia sin darnos cuenta

La actividad transcurre con normalidad. El grupo responde bien, el ambiente es bueno y las indicaciones se siguen correctamente.

En un punto concreto del recorrido, uno de los participantes resbala levemente. Nada grave. Se levanta solo, sonríe y dice que está bien.

El monitor valora la situación, se hace una comprobación rápida y se decide continuar. Es una escena que se repite cientos de veces cada temporada en empresas de turismo activo de toda España.

A las 13:30 la actividad termina. Fotos, agradecimientos, despedidas. Otro día más que parece ir directo al cajón de “todo salió bien”.

Pero el turismo activo tiene una peculiaridad: No siempre sabes cómo ha ido el día hasta que el día termina del todo.

La llamada que nadie espera… pero todos conocen

El seguro para turismo activo y los riesgos invisibles del día a día

A las 18:47 suena el teléfono.

Es el cliente que había resbalado por la mañana. Esta vez el tono es distinto. Ha ido a urgencias, le han diagnosticado un esguince y le han recomendado reposo.

No hay reproches. No hay enfado.
Solo una pregunta lógica, casi automática:

No pasa nada, ¿verdad? Esto lo cubre vuestro seguro.

Y ahí, aunque nadie lo diga en voz alta, algo cambia.

Porque en ese momento empiezan las preguntas que no se hacen durante la actividad, pero que aparecen siempre después.

El verdadero riesgo del turismo activo no siempre es el más visible

Cuando se habla de riesgos en turismo activo solemos pensar en accidentes graves, rescates complejos o situaciones extremas.

Pero la realidad del sector es otra.

La mayoría de las incidencias reales empiezan de forma muy parecida a esta historia: Un pequeño incidente, una molestia que aparece horas después, una conversación tranquila que abre una puerta.

Y es justo ahí donde el seguro deja de ser un papel y pasa a ser una pieza clave del negocio.

El seguro no entra cuando hay un accidente, entra mucho antes

Muchas empresas de turismo activo contratan su seguro de responsabilidad civil como un requisito más. Algo obligatorio. Algo que “hay que tener”.

El problema no suele ser la ausencia de seguro, sino cómo está planteado.

Porque el día a día del turismo activo rara vez coincide al 100 % con lo que aparece en una póliza estándar:

  • Cambios de monitores a última hora
  • Colaboradores externos
  • Actividades adaptadas por condiciones meteorológicas
  • Clientes con niveles muy distintos
  • Pequeñas variaciones sobre el plan inicial

Nada de esto es excepcional, es la normalidad del sector.

¿Quién responde realmente cuando algo pasa?

Para el cliente, la respuesta es sencilla: responde la empresa con la que ha contratado.

No distingue entre organizador, monitor, colaborador o subcontrata. Ha vivido la experiencia contigo, y cualquier consecuencia la asocia directamente a tu empresa.

Desde el punto de vista asegurador, sin embargo, estas diferencias sí importan y mucho.

No es lo mismo:

  • Un monitor en plantilla
  • Un autónomo colaborar
  • Una empresa externa
  • Un apoyo puntual no habitual

Y estas diferencias solo se aclaran antes de que ocurra nada, nunca después.

El error más común: pensar que “esto nunca pasa”

Muchas empresas de turismo activo hacen bien las cosas… hasta que crecen, se adaptan o improvisan.

  • Se añaden actividades nuevas
  • Se amplían servicios
  • Se colabora con terceros

Y el seguro se queda igual.

No por dejadez, sino porque nadie se ha parado a revisar si sigue reflejando la realidad del negocio.

El seguro como parte de la experiencia, no como un trámite

Las empresas de turismo activo que funcionan mejor a largo plazo tienen algo en común: integran el seguro en su forma de trabajar. No lo ven como algo externo.

Esto se nota en cómo:

  • Informan al cliente antes de la actividad
  • Organizan a sus equipos
  • Documentan procesos
  • Planifican la temporada
  • Gestionan incidencias

Y, sobre todo, en la tranquilidad con la que responden cuando algo se tuerce.

Porque el problema no es que pase algo, el problema es no estar preparado.

Volvamos al principio

La reclamación sigue su curso. Se recopila documentación, se gestionan informes, se habla con el cliente. Todo puede resolverse… si el seguro está bien planteado.

Cuando no lo está, el problema ya no es solo económico. Aparecen el desgaste, la inseguridad y la sensación de que algo pequeño ha generado demasiado ruido.

Todo por algo que, a las 9 de la mañana, parecía no estar en el guion.

Enero: el mes perfecto para revisar lo invisible

Enero es el mes de planificar actividades, calendarios y equipos, pero también es el mejor momento para revisar lo que no se ve cuando todo va bien: seguros, coberturas, capitales, colaboradores y actividades reales.

Porque cuando la temporada arranca, ya no hay margen para improvisar.

Y porque en turismo activo, como en este día cualquiera, casi nada sale exactamente como estaba previsto.

Contar con un seguro para turismo activo bien planteado no evita los imprevistos, pero sí evita que un pequeño incidente se convierta en un gran problema para tu empresa.

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Por Denisia Calin