Turismo experiencial, entre la emoción y el recuerdo

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El viajero es hoy más exigente de lo que lo ha sido nunca. La reducción de los costes de desplazamiento (en especial en avión) y la irrupción de Internet han cambiado las reglas de juego de lo que hasta ahora se entendía por turismo en su acepción clásica. El turismo experiencial es aquél en el que el viajero busca no sólo un destino con encanto y los mejores servicios, sino emociones que permanezcan en la memoria. Este tipo de turismo está muy relacionado con el turismo rural

Con la rapidez en la difusión de la información, los comentarios en las redes sociales y la globalización del turismo, desde el punto de vista de las empresas ya es muy difícil sorprender al cliente. Éste recibirá un ‘impacto’ perdurable y que transmitirá a su familia y amigos si logramos que viva en primera persona una experiencia extraordinaria y única.

  El deporte de aventura está, precisamente, a la cabeza de este nuevo turismo experiencial. No vende solo una actividad, un entorno natural hermosos o buenos servicios, sino que, además, propone actividades que conllevan sorpresa, emoción y vivencias que quedan en el recuerdo.  

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¿Cuáles son las claves del turismo experiencial?

 

  1.  El cliente está, ahora sí, en el centro de la experiencia. El viajero quiere propuestas personalizadas, que se ajusten a sus preferencias. El turismo uniforme, de ‘tour’ guiado y viajes en grupo deja paso a otro que se ajusta a las necesidades individuales, que busca cumplir con unas expectativas muy específicas diferentes para cada viajero.
  2.  Lo local, en auge. El viajero no se conforma con ‘estar’ en un lugar, sino que también quiere vivirlo. Y esto supone conocer a fondo las costumbres  y la cultura locales, interaccionar con las gentes del lugar, probar la gastronomía tradicional de la zona, conocer sus festejos, etc. El destino pasa a ser, en sí mismo, una vivencia.
  3.  Flexibilidad. El turista del siglo XXI es autónomo e independiente. Cada vez recurre menos a intermediarios y organiza desde casa sus vacaciones. Incluso puede cambiar los planes iniciales sobre la marcha, una vez en el destino. Cuanto antes entiendan las empresas que esto es un cambio sustancial en la relación con sus clientes, mejor se adaptarán al nuevo entorno. Esto requiere una actitud proactiva, así como flexibilidad en la política de extensión de servicios y de su opuesto, las cancelaciones.
  4.  El medioambiente es un valor al alza. El respeto por el entorno y el cuidado del entorno, incluidas sus especies animales y su naturaleza, son valores al alza. La concienciación del nuevo turista es alta, por ello demanda actividades que no perjudiquen al entorno en el que se realizan y quiere limitar al máximo el impacto de su paso.
  5.  La fidelidad requiere mucho más esfuerzo. La multiplicación de la oferta y la guerra de precios en el sector del turismo hace que el cliente que viaja guarde mucha menos fidelidad que antes a una empresa o marca. Sin embargo, un servicio personalizado y que implica al turista desde un punto de vista emocional, tiene mucho más fácil establecer un vínculo de fidelidad con él y convertirse en su empresa de confianza.

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